Krispy Kreme México deslumbra a México con la novedosa campaña “Nuestro dulce flechazo”
El hallazgo ocurrió fuera del radar habitual de la industria. No llegó como caso inscrito a un festival, ni como comunicado dirigido a editores especializados. Apareció, literalmente, en el punto de venta. Al revisar una caja de docenas de Krispy Kreme México, un código QR integrado al empaque llamó la atención por su sobriedad: sin llamados promocionales estridentes, sin promesas de descuento. Solo una invitación a escanear.
Ese gesto cotidiano abrió la puerta a una de las ejecuciones más interesantes de la temporada de San Valentín desde la perspectiva del marketing experiencial. Al seguir el recorrido completo, se descubrió “Nuestro Dulce Flechazo”, una campaña desarrollada por la agencia Amaze que convierte cada docena de donas en una experiencia digital personalizada, pensada no solo para el consumidor final, sino como un statement claro para la industria.
La mecánica es directa y bien resuelta. Tras escanear el QR, el usuario accede a una plataforma digital exclusiva donde se le solicita información mínima pero significativa: gustos, el lugar donde se conocieron y fotografías. Con esos datos, el sistema genera en minutos un video único, narrado por un Cupido diseñado específicamente para el público mexicano. No hay plantillas evidentes ni repeticiones: cada pieza responde a los datos ingresados y construye una historia distinta, con un tono emocional y cercano.
Desde una lectura estratégica, la campaña cumple varios objetivos simultáneos. Por un lado, impulsa la venta de docenas durante una de las ventanas comerciales más relevantes del año. Por otro, refuerza el posicionamiento de la marca en torno a la innovación y la conexión emocional, sin depender de mensajes publicitarios tradicionales. El producto no se interrumpe con la campaña: la campaña nace del producto.
En términos de ejecución, “Nuestro Dulce Flechazo” utiliza inteligencia artificial desarrollada específicamente para Krispy Kreme México en colaboración con Amaze, integrada en tiempo real para producir videos personalizados. La tecnología no se presenta como espectáculo, sino como infraestructura creativa. El Cupido —con voz, carácter y humor local— funciona como un recurso narrativo que humaniza la experiencia y la vuelve compartible, un punto clave en la lógica de amplificación orgánica.
El análisis del recorrido completo deja ver un trabajo de agencia sólido. Amaze fue responsable de convertir la icónica caja de donas en una plataforma de comunicación emocional. El desarrollo, exclusivo para Krispy Kreme México, integró creatividad, tecnología y estrategia para diseñar cada punto de contacto del usuario. Desde la idea hasta la implementación, la experiencia está pensada para reducir fricción, maximizar participación y facilitar la distribución social del contenido generado.
Dentro del discurso creativo de la campaña aparece una declaración que ayuda a entender su enfoque: “Queremos que cada pareja en México tenga un momento único, lleno de sabor, emoción y magia. Esta campaña es 100% local, hecha para enamorar a nuestras comunidades”. Para quienes observan el mercado desde el ángulo de la mercadotecnia, la frase confirma una decisión relevante: no se trata de una adaptación regional de una idea global, sino de una ejecución concebida desde el contexto cultural mexicano.
La campaña estará activa del 29 de enero al 16 de marzo en todas las tiendas Krispy Kreme del país. No obstante, los videos generados permanecerán disponibles durante muchos meses más, extendiendo el ciclo de vida de la acción más allá del periodo promocional. El flujo de uso es simple y rápido, lo que permite que la experiencia se comparta fácilmente por mensajería o redes sociales, incrementando su alcance sin inversión adicional en pauta.
Visto desde la óptica de los medios especializados en mercadotecnia, el descubrimiento deja una lectura clara: el empaque se convierte en medio, la personalización en contenido y la tecnología en catalizador emocional. “Nuestro Dulce Flechazo” no se presenta como un caso que busca reflectores, sino como una ejecución que se deja encontrar. Y, precisamente por eso, se vuelve relevante para una industria que cada vez valora más las ideas que funcionan primero con la gente y después en los titulares.